lunes, septiembre 29, 2008

Comunidad Latina

(La Habana, Cuba)

El jueves en la noche salí con mi amiga Adriana a tomar un café (jaja de hecho tomamos chocolate) para platicar, y al menos yo, después de casi un año aquí, finalmente encontré el punto de reunión de la comunidad latina, ajjaja pero yo soy su más joven integrante por al menos 25 años.

Llegamos platicando español a un lugar que desde hace mucho yo quería ir, es un café que está en la esquina de Commercial Drive -calle famosa-, que siempre se ve abierto, tiene una apariencia un poco avejentada, es portugues y siempre hay ruquillos o gente ahí tomando café; por lo anterior, yo siempre quise ir con Morgan -porque a él le gusta el buen café-, pero todas las veces que pasábamos por ahí, o ya era después de cenar y ya no queríamos comer nada, o sencillamente no teníamos ganas de un café.

Pues bien, desde que entramos Adriana y yo, el dueño -un ruquillo portugues- comenzó a hablarnos español -obvio con acento portugues-, nos atendió con extrema amabilidad, y por supuesto nos indagó sobre de dónde éramos, etc.

Después llegaron otras personas encabezadas por un líder cubano de 65 años jajajajaja y comenzaron a congraciarse con nostros en español, preguntándonos que de dónde éramos, qué hacíamos en Canadá, que estábamos muy bonitas, que si las estrellas se habían caido del cielo, en fin, ajja cosas cosas que los canadieses no conocen en absoluto y que los latinos dominan al 100%. Jamás tuvimos miedo, porque...ajjaj sencillamente no había razones. El más joven tendría 55 años, no menos y lo único que hacían todos era ser amables con nosotras. Nos invitaron a cenar pizza, dijimos que no, nos quisieron invitar más café, nos negamos nuevamente, pero ellos estaban felices de poder platicar con nosotras, sobre todo el cubano y otro mexicano.

Después se pusieron a jugar billar -porque hay unas meses de billar al fondo de este café, que en verdad, si uno lo observa, está prácticamente estancado en los años cincuentas-. Como media hora después regresaron a quejarse con nosotros, porque los dueños de café les habían dicho que dejaran de molestarnos; el cubano, indignado, comenzó a decir que los canadienses no comprendían que en Cuba, los cafés son una forma de socializar, platicar, etc; luego siguió quejándose de lo fríos que eran los canadienses y me compadeció por tener un esposo canadiense.

Nos sigueron insistiendo en que si queríamos un café, nos volvimos a negar, en fin, pasaron muchas otras cosas, pero todo fue tan divertido, ameno, al menos yo me la pasé muy bien esa noche, aún cuando todos eran 30 años mayores que yo. Y por supuesto, soy feliz de saber el punto de reunión de la comunidad latina -aunque sea mayor que yo- en Vancouver.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola

Me imagino que es epunto de reunión es como el CAFE AHUIRRE del centro de la Ciudad, con puro ruco, que se siente joven y galán, jajaja, ya te imagino TQM