jueves, enero 08, 2015

Gracias a ellas

Siempre fui muy feliz de niña. Amaba ir a la escuela, estar en las tardes jugando con mis vecinos en el patio comunal que compartíamos.
No iba yo a casa de amigos o a fiestas de cumpleños, pero era muy feliz.
No tuve un papá, pero siempre supe lo mucho que mi mamá, abue y Avi me querían.
No salía a restaurantes ni a paseos, pero era feliz comiendo papás con limón y chile con mi mamá los sábados por la tarde.

Siempre supe lo mucho que se sacrificaba mi mamá en el trabajo para que yo pudiera tener un uniforme nuevo cada año, para que los Reyes Magos siempre me visitaran, para que no me faltara nada.

De niña no recuerdo nunca haber estado triste, todos mis recuerdos son alegres. Y todo se lo debo a mi mamá y mi abue.

martes, diciembre 02, 2014

Lejos y distante

Una de las pocas cosas que me hace sentirme cerca de México, aún con la distancia, son las celebraciones que cada año el consulado de México realiza para conmemorar el aniversario de la independencia.
Siempre que voy soy feliz, lloro al cantar el Himno Nacional y espero ansiosa al próximo año.

Este año, la celebración no fue como años anteriores. Hubo grandes cambios, mismos que me imagino fueron provocados por cuestions de presupuesto. La fiesta fue mucho más pequeña, la más pequeña que he visto. Sí, es cierto que hubo deliciosa comida gratis, pero creo que todos hubiésemos cambiado eso por celebraciones como las de años anteriores.

Cuando entré al salón donde era la fiesta y me di cuenta de lo pequeña que era quise llorar, creo que estuve a punto de hacerlo. Y no porque estuviera feo o mal organizado, sino porque esa gran celebración a la que solía ir, esas pocas horas que me hacían cada año sentirme cerca del México que tanto extraño, se habían reducido a casi nada. Me quedé, canté el himno de Canadá por primera vez, y claro el himno de México. Grité Viva México como todos los años. Pero me sentí tan lejos del país que tanto quiero.

Ojos láser

Cuando me voy a dormir, antes de cerrar los ojos, veo con claridad, nitidez, brillo. Ya no necesito lentes porque me he hecho la cirugía láser de ojos.  Ahora contaré 10 puntos sobre mi experiencia.

1. No, no me dolió nunca nada. Lo más que sentí fue un tipo basurita en los ojos en ocasiones después de la cirugía
2. Estas despierta durante la cirugía, y puedes oler ese olor a quemado porque el láser está actuando sobre tus ojos
3. No estuve nerviosa, no me explico por qué
4. Las gotas con la anestesia actúan de inmediato, a segudos de su aplicación comenzó mi cirugía
5. Me hice PRK, la cirugía que no es tan común (la más común es con LASIK)
6. Por casi 10 dias realmente no podía ver la tele, ni ver muy bien de cerca. Veía borroso, pero sí era capaz de ver cosas que sin lentes no hubiese podido ver.
7. Por una semana, tuve lentes de contacto (sin aumento) que actuaron como tipo vendaje para acelerar el proceso de cicatrización
8. Tenía que ponerme muchas gotas, muchas. Ahora a más de dos meses, aún me pongo pero ya no de forma ridícula.
9. En mi opinión, un ojo ya lo tengo al 100% y el otro a un 95%. Esto es bueno porque mi visión realmente puede tardar hasta 6 meses en estabilizarse.
10. Nunca tuve los ojos rojos


En mi opinión, esta cirugía vale totalmente la pena.

Sueño musical

Otro de mis grandes sueños musicales se ha hecho realidad. Ver a El Cigala en vivo. Fui inmensamente feliz de estar ahí, de verlo beber su jugo de naranja mientras canta, de descubrir una nueva canción favorita que no me canso de escuchar. Además, me di cuenta lo mucho que Morgan disfrutaba el concierto a mi lado, él, que no puede comprender lo hermoso de todas las letras que esa voz de El Cigala hace que se te mueva el corazón. Pero la felicidad de Morgan en el concierto solo demuestra lo que siempre he creído, que no hay nada tan maravilloso como la música, y que ésta no conoce fronteras ni lenguajes.



Votando

Hace un par de semanas, justo en el primer aniversario de mi ciudadanía canadiense voté por primera vez fuera de México. Siempre, desde pequeña me emocionaba el hecho de votar, en mi familia todos siempre votaron, y en cuanto tuve edad para hacerlo en México, felizmente lo hice. Ahora aquí en Canadá, puedo ejercer el mismo derecho. Tristemente también me da gusto que por primera vez voto por candidatos en los que creo, en los que deposito mi confianza porque sé que harán buen uso del poder, no tengo que votar por el que sin duda robará pero al menos hará más por la población.

Las elecciones municipales aquí son muy diferentes a las de México, pero al menos uno sí puede votar directamente por aquél que uno elegia como presidente municipal (mayor aquí).  Además de ese voto, uno elige a los consejeros municipales, miembros de la directiva de parques y y del fondo escolar. En total uno vota por aproximadamente 20 personas, así que la boleta electoral es mas bien un libro. Tuve que votar además sobre 3 cuestiones específicas sobre el manejo de dinero de la municipalidad en asuntos específicos.

Salí vez de la casilla para votar, y orgullosamente me puse la estampa que me dieron donde dicía que había votado.

¡Espero ansiosa al próximo año para votar en las elecciones federales! Porque sí, es cierto que esto es el primer mundo, pero también los gobiernos cometen atropellos contra aquellos que más lo necesitan. 




viernes, agosto 15, 2014

No estar con ella

Ayer me di cuenta, que aunque extraño muchísimo a mi abue, quizás sea mejor que esté lejos. Escribo esto y me arrepiendo en seguida, porque no hay día que no piense en ella y quiera estar a su lado. Este año mi abue cumplirá 80 años, lo sé porque por alguna razón sé perfectamente en que año nacieron mis abuelitos, ella en 1934 y mi Avi en 1932.

Pero ahora mi abue padece de, mmmm, no lo sé de cierto porque no estoy ahí con ella, pero sin duda es un tipo de demencia. Mi abue, este agosto del 2014 no es la misma abue de la que me despedí cuando me viene a Canadá en agosto del 2007. No es la misma que he visitado una sola vez en el 2010.

Tengo tantos recuerdos con ella, y ayer, mientras hablaba con mi mamá compartí dos. Uno, sobre la sopa de ajo que mi abue hacía (con panecitos fritos) tan rica, y otra, cuando hace tal vez unos 15 años, ella le organizó a mi Avi una fiesta de cumpleños donde preparó crepas de huitlacoche y flor de calabaza.

En cuanto terminé de contar estas dos historias a mi mamá (que más que historias son recuerdos), tanto ella como mi hermano de inmediato me dieron "no, tu abuelita ahora no puede hacer ni se acuerda de nada, no puedes contar con ella". Y me sentí tan triste por varias razones. Sé que un día mi abue morirá, y me da una enorme tristeza que los recuerdos más cercanos con los que se quedarán mi mamá y mi hermano serán los llenos de frustración y falta de paciencia por lidiar con ella. Yo sé que ambos la quieren mucho, y sé que mi mamá con su bondad extrema está todos los días con mi abue. Pero mi pobre mamá está cansada de tantas cosas en la vida y la enfermedad de mi abue hace su vida aún mas estresante.

Tal vez yo soy afortunada de no estar en México, de tener sólo en mi memoria imágenes y recuerdos positivos de mi abue. Recuerdos donde soy niña y hacemos pasteles y galletas, donde me obliga a terminarme la comida para no ser anémica (ahora nadie me obliga y siempre tengo anemia), donde me le llevaba al centro a tomar un café y nos estábamos horas platicando.

Cómo quisiera estar con mi abue y ayudarla. Cómo quisiera estar con ella y que todo fuera como hace años. 


viernes, junio 13, 2014

Reflexión


Ya no sé si pensar en México me hace feliz o triste. No sé si lloro de tristeza o alegría cuando escucho el Himno Nacional o veo a los fans mexicanos apoyando a la Selección Nacional durante la Copa del Mundo.
Hace dos fines de semana fui a comer tacos al mejor lugar que existe en Vancouver, y todo estuvo tan exquisito que casi lloré al final de la comida. Escucho música de cuando estaba en México y ya sea que me motive y alegre el día, o me ponga triste y quiera llorar.


Hoy, literalmente berreé cuando canté el Himno Nacional en el partido de México contra Camerún. Fui feliz al escuchar a mi amigo Ricardo narrar el partido. Pienso en el Cielito Lindo cantado a coro por los mexicanos y quiero llorar, y ahora, finalmente entiendo esa obsesión de las personas mayores en México de pensar que el Huapango de Moncayo es de lo mejor que hay en México. 

jueves, junio 05, 2014

Feliz, y con más por delante

Siempre había querido leer a Rosa Montero, al menos desde que mi profesora en la universidad la recomendó. Recuerdo que en lugar de leer una novela de Montero, la profesora optó por Millás, cosa que agredezco infinitamente porque este autor español es ahora uno de mis favoritos.

El martes por la noche terminé de leer Te Trataré como una Reina, y comprendo el dilema de mi profesora en elegir entre Millás y Montero.

No sólo la historia me ha encantando, sino el talento para escribir que tiene Rosa Montero. Es de esas lecturas que me hacen pensar en lo maravilloso que debe ser escribir con esta calidad. Durante las horas que pasé a lado de este libro quise escribir como Rosa Montero, quise tener su talento, quise haber pensado en una historia como esta, con personajes como El Poco y Antonio, con mujeres tan complejas y reales como Bella y Antonia.

Te Trataré como una Reina es un libro que recomiendo mucho, y soy feliz de que tengo muchas más obras de Montero dentro de mis futuras lecturas. 


Nota: He leído otros libros durante este tiempo, pero como recordarán sólo escribo sobre aquellos que me parecen excepcionales. Tal vez al final de año haga un recuento de todos los demás.


miércoles, abril 30, 2014

Mi Mamá



 
Te extraño todos los días,
a diario pienso en ti. 
Me da tristeza cuando pienso en personas que no tienen a alguien como tú en sus vida.
Te quiero tanto

Me imagino que caminamos juntas por la calle,
que nos sentamos a tomar un café y me dices que los cafés aquí están muy cargados.
Me preguntas por qué la gente no se viste mejor,
y no entiendes por qué hay tantos inmigrantes y nadie habla francés como nos han hecho creer. 


No creo tener un mágico recuerdo a tu lado,
mentiría si dijera que existe.
Pero recuerdo perfectamente que era capaz de identificar el sonido tus pasos antes de que abrieras la puerta. 
Recuerdo que la mejor parte de mi día era cuando regresabas del trabajo en la noche.
Porque gracias a ti y mi abue nunca me sentí sola o triste cuando fui niña;
porque sé lo mucho que trabajaste y te sacrificaste para que pudiera tener mi uniforme, cuadernos y zapatos nuevos para la escuela. Porque siempre tuve una feliz Navidad gracias a ti: siempre.

 
Me molesta cuando la gente no quiere a su madres como yo te quiero  a ti,
siento que no las valoran o tratan con respecto, pero estoy consciente que pocas personas son tan afortunadas como yo.
Quiero que estés aquí y restregarle a todo mundo lo perfecta que eres (sé que esto se escucha un poco abusivo, pero no me importa, de verdad quiero hacerlo. Creo que ya lo hemos hecho por años en México, aunque sin intención de maldad).
Quiero que la gente sepa lo bien que siempre nos hemos llevado, lo unidas y juntas que siempre hemos estado.


Te extraño todos los días, y hay veces que en la noche,
tu eres la única persona que quiero a mi lado.


jueves, marzo 20, 2014

Hace muchos equinoccios

Cuicuilco

Uno de mis mejores recuerdos de la secundaria sucedió hace ya muchos años, un día como hoy en la llegada de la primavera. Mis amigas y yo nos vestimos todas de blanco y fuimos a cargar energía a la pirámide de Cuicuilco (esta historia toma lugar en la ciudad de México). Después de estar ahí -honestamente no recuerdo claramenta cuánta energía cargamos en la zona arqueológica-nos fuimos al centro de Coyoacán. Tomamos no se cuántos camiones, el metro, nos chiflaron y dijeron cosas en la calle, pero eventualmente llegamos a Coyoacan y estábamos felices.

Centro de Coyoacán
Luego de dar la vuelta, comprar helados y cafés, cominos en un restaurant de comida china que una de mis amigas dijo que era lo máximo, las demás nunca habíamos comido nada chino. Ordenamos mucha comida. De pronto, vimos pasar a nuestro amor platónico afuera del restaurant, y las 4 nos salimos corriendo a saludarlo -aún me acuerdo que guapo era-. La pobre mesera pensó que nos habíamos ido sin pagar la cuenta. Eventualmente llegó la cuenta, y nos precisamente nos dimos cuenta que no teníamos suficiente dinero para pagar. La amiga de la gran idea de ir a este restaurant le marcó por teléfono (ajjajaj ahora lo que pienso esto debió ser en una caseta de teléfono porque nadie tenía celular en ese entonces) a una amiga que vivía en esa colonia, la pobre amiga anexada terminó pagando nuestra gran comida china.



Al regreso nos perdimos en el camión, terminamos en una colonia donde teníamos miedo de caminar, pero finalmente el día terminó y todas regresamos felices a nuestras casas.

Ese día fui muy feliz, y lo recuerdo todo con mucho cariño, porque siempre quise mucho a esas 3 amigas que tuve en la secundaria.