En el día más feliz de mi vida
escuché el trinar de un cuervo,
y vi caminar a un pato.
En ese día maravilloso,
tuve una cena polaca y un
desayuno canadiense.
(¡Ahhh y a las 9 de la noche comí 3 postres!)
En el día más feliz de mi vida
el cielo estuvo nublado, y me vi
rodeada de tantas flores
y plantas como nunca en 23 años.
El 1 de junio de 2008
me vestí con zapatos negros
-tipo muñequita-,
mallas negras y vestido blanco tejido;
en mi ojos rímel que se cae con agua
y de aretes, arracadas grandes plateadas.
Ese mismo día, tú vestiste
pantalón negro y camisa café de maga corta.
Quizás a las dos de la tarde
del mejor día de mi vida,
junto a unos helechos gigantes,
metiste tu mano en la bolsa del pantalón negro,
te arrodillaste
y me pediste que fuera tu esposa,
me pediste que me casara contigo.
Moví mi cabeza, te abracé,
dije que sí: yes yes, I want to, I do
-y supongo que hice ojitos de completa
fascinación y sonrisa de oreja a oreja-.
Después pasamos momentos maravillosos
entre flores, colores, aromas,
laberintos, caminos secretos
y un poco de viento.
En la noche, un cólico casi me manta del dolor
-exagero-.
Pero ese, fue el día más feliz de mi vida.
Junio 2, 2008.
Silvia Almanza Alonso.