Hace años, mi mamá entró a mi recámara y yo bailaba música de Sheila Chandra…se me quedó viendo con una cara de terror y me dijo:
“con razón no tienes novio”.
Siempre he querido ser escritora, es uno de mis tantos sueños y uno de los motivos por los que he decidido crear este blog
Hace años, mi mamá entró a mi recámara y yo bailaba música de Sheila Chandra…se me quedó viendo con una cara de terror y me dijo:
“con razón no tienes novio”.
Vivía en México, y tenía un disco de soundtracks famosos, entre ellos estaba el tema de “Un hombre y una mujer” . (Aún recuerdo la portada del disco con las típicas máscaras del teatro.)Supongo que el disco se lo presté a mi amigo Patricio, y ambos amamos el tema de la película: ¡también de mis canciones favoritas!; de ahí, surgió la idea de ver la película algún día. Originalmente el plan era, verla por primera vez en nuestra casa, esto, una vez que viviéramos juntos, ya fuere a los 30, 50 o 70 años. Ahora, no lo sé, quizás algún día vivamos juntos, pero ya no queremos esperar hasta entonces, sencillamente queremos verla sentados lado a lado, ver "nuestra película favorita".
Mi abue cree (está convencida) que "los ojos son el espejo del alma”, que una mirada puede decir muchas cosas, todo eso me lo dijo por años porque yo me resistía a enchinarme las pestañas para ir a la escuela. En la prepa nunca lo hice, ni tampoco los dos primeros años en la universidad; siempre he creído que si vas a gustarle a alguien, debe ser justo como eres, si han de enamorarse de ti, lo harán ya sea con pestañas largas y pintadas o sin ellas. Sé que mi abue justo en este momento me diría: "Sí, hija, pero Dios dice “Ayúdate, que yo te ayudaré”" ajjajaja y también tiene razón.
No se si los ojos sean el espejo del alma, pero me gustan las miradas, me gusta que me vean a los ojos cuando me dicen algo, me gusta que me vean y sonrían, me gusta ver a los ojos a las personas.Me agradan las sonrisas, adoro las carcajadas; soy alguien que llora mucho constantemente -no puedo negarlo-, pero también sonrío demasiado, y así como un comercial o una simple escena puede hacerme berrar, el simple nombre de "Victor Manuel Vicente" hace que me muera de risa.
La falta de cariño me confunde
Me hace confiar en las personas
Me hace idealizarlas, quererlas sin que lo merezcan
Porque sí, hay gente que no merece mi cariño
Ni mis palabras, ni amistad, y qué decir de todo lo demás que les he dado.
Así es, la falta de cariño me confunde, en ocasiones me ciega
Me vuelve frágil y vulnerable: me desmorona.
Mis amigas en Puebla creen que no tengo “autoridad moral” cuando hago comentarios sobre noviazgos, hombres, amor, etc, , sin embargo, están muy equivocadas porque ¡claro que la tengo!
**He tenido sólo tres novios, a los tres los he besado, ¿eso me resta autoridad moral? ¡no! Quizás demuestre que no me he respetado mucho tomando esas decisiones, pero únicamente eso.
**¿A quiénes además de mis novios he besado? Eso qué importa; mientras he tenido novios nunca los he engañado. Y… sí, está bien, reconozco que he besado a hombres que no han sido mis novios (!SóLO A DOS!), pero ellos a su vez, no ha tenido novia cuando eso ha sucedido, lo cual, reafirma que jamás he engañado a nadie. (Y no me arrepiento en absoluto de haberlos besado)
**Jamás he sido “querida” de alguien, entendiéndose por “querida” lo que la Real Academia señala:
querido, da.
(Del part. de querer).
1. m. y f. Hombre, respecto de la mujer, o mujer, respecto del hombre, con quien tiene relaciones amorosas ilícitas.
**Jamás he andado con ex novios de amigas, o bien, hombres de los que ellas estén enamoradas (en el primer caso, no estoy del todo en contra, pero realmente jamás me han interesado esos ex novios, ya que en el 99% de los casos han sido muy malos hombres)
**Hace algunos años besé a alguien, y mucho tiempo después una amiga también lo besó, pero ¡eso no me quita en absoluto autoridad ! Son sencillamente “azares del destino”, y confirma que "la vida es una tómbola" ajajjajaa
**En temas de sexualidad, soy de mente abierta, prácticamente no estoy en contra de nada, pero eso se llama precisamente “mente abierta”, y bien diría mi abue : “estamos en el siglo XXI”
Hace más de diez años, cuando me dedicaba a leer “El llano en llamas”, a hablar por teléfono en las madrugadas con mi amiga Tere, tuve un pretendiente que decía “amarme”, no sólo me quería o le gustaba, sino que estaba enamorado de mí, al menos eso me lo repitió muchas veces; era un buen niño, era mi amigo: Jonathan Escalera. Fue el primero que de verdad trató de “conquistarme” ajajjaja, lo digo en serio, vaya que se esforzó para que yo me hiciera su novia. Me escribió unas tres cartas, era muy muy insistente y recuerdo muy bien un regalo que me dio.
Esto fue en primero de secundaria, época en la que yo amaba todo lo relacionado con la Revolución Mexicana (sí, desde entonces ya era rara, es más creo que desde ahí comencé a ser la Silvia que soy ahora) y mantenía una relación platónica con José Vasconcelos. Una tarde me llamó por teléfono, platicamos, no sé, de la escuela, de cosas irrelevantes, y de pronto, supongo que fui yo quien sacó el tema de personajes históricos, le pregunté entonces : “¿Quién te gusta?, y recuerdo muy bien que respondió: “Tu”.
Cuando supo que me iba a cambiar de ciudad, me escribió una carta diciéndome lo mucho que me iba a extrañar, prácticamente que no iba a poder vivir sin mí. Cuando tenía unos dos meses viviendo en México, me enteré que había dejado de amarme y ahora estaba interesado en Pilar Alatriste. (jaajjaja sin comentarios)
Cuando estaba en el kínder, alguna vez dije a mi abue que quería ser blanca -como mi amiga Teicu- y no morena. Sin embargo estoy segura que no me generó complejo alguno porque no recuerdo alguna experiencia traumática en mi niñez relacionada con mi color de piel, mismo que ahora no cambiaría por nada del mundo. Hoy, me enteré que una de las amigas de Nicola (la niña que cuido aquí en Vancouver), una niña preciosa llamada Avneet, le preguntó a su mamá que cuándo podría cambiar su color de piel a blanca y volverse rubia. Fue impresionante. Obviamente todo esto como consecuencia de comentarios de otras de sus compañeras de clase. A raíz de eso me vinieron tantas cosas a la mente, pensé en los padres de las niñas que hicieron esos comentarios (a las mamás las conozco y veo todos los días), pero sobre todo en mi propia experiencia con la discriminación.
discriminar.
(Del lat. discrimināre).
1. tr. Seleccionar excluyendo.
2. tr. Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.
¿Fui discriminada? ¡Sí, sí lo fui! Pero por suerte, ya tenía edad y criterio suficiente como para salir perfectamente adelante sin sentirme rezagada por no formar parte “del grupo” de mis compañeros de prepa.
Nunca me cansaré de decir que es una escuela horrenda, y que conocí ahí a algunas de las peores personas de las que tengo memoria. Tengo grabada una escena en la que una compañera -Greta- repartía material para la clase de computación, el mío me lo aventó vilmente delante de todos, mientras que los demás lo recibieron en las manos. También recuerdo a mis compañeros cuchicheando mientras yo hacía alguna exposición en la clase de Español, burlarse de mi, no hablarme, ignorarme, darme la espalda. Recuerdo y sólo confirmo que era gente nefasta, no quiero utilizar la palabra “escoria” porque me parece muy fuerte, pero sí, algunos entran en esa categoría.
(Obviamente también fui testigo de casos mucho peores de discriminación en esa escuela)
Luego estudié la carrera en una universidad pública, donde jamás pensé encontrar discriminación, para mi sorpresa, encontré mucha, y de hecho, varios de esos acontecimientos fueron lo que me motivó a escribir un ensayo para el IFE mismo que fue publicado y del que hago mención en la primera entrada de este blog.
¿Qué puedo comentar de la universidad? Pues tristemente tuve un profesor que discriminaba a un compañero invidente, y otro más, que me daba Derecho Internacional Público que concretamente nos dijo: “Yo jamás le daría la mano a un negro: ¡nunca!” Y de compañeros hacia compañeros, lo que narro en mi ensayo del IFE es una mínima parte.
A pesar de todo, en la universidad la discriminación no recayó en mi.
El último comentario que hice sobre un libro en mi blog me llevó horas editarlo y absolutamente nadie lo ha comentado, sin embargo me gustó mucho escribirlo y no me arrepiento en absoluto. Ayer en la noche terminé de leerlo, y solamente diré: lo amo. Ya había decidido que después de Bukowski quería leer a Capote, así que hoy a las diez de la mañana fui rumbo a la biblioteca en busca de “A sangre fría” ("In cold blood)"; sólo estaba el audio libro, por lo que me decidí por “Música para Camaleones” (“Music for chameleons").
“(…) mañana cumplo 17 años pero parezco mayor, a los chicos que vivimos solos con nuestra madre, se nos pone una cara especial, más seria de lo normal, como de intelectual o de escritor (...)”
Mi primer profesor de computación fue Raúl Salgado Salgado; yo lo quería mucho y sé que era recíproco, nos hicimos muy amigos y de hecho, ahora trato de recuperar contacto con él. (Pero la tonta página del Colegio Oviedo Schonthal no me da su correo). En cuanto a mi temor de esas primeras clases, en poco tiempo me superé considerablemente y muchas cosas que aún utilizo vienen de ahí.
Luego entré a una escuela 100% tecnológica (ITESM) donde sin una laptop no eras “nada”. Tuve la suerte de que me la compraran, y cuando fui a recogerla no tenía idea cómo encenderla. Llegué con la caja al cubículo de mi profesor de computación, diciendo: “Lalo, tienes que ayudarme a desempacar esto porque no tengo idea cómo prenderla” Lalo Vallín fue mi profesor y amigo, y lo quise muchísimo –tuve la suerte de ser nuevamente correspondida-. Pero logré salir adelante esa primera semana de clases con una laptop y todos los programas y cosas raras que en ese entonces le instalaron a mi computadora los del TEC. ¿Alguna desgracia? Sí, a la segunda semana prendo la computadora y todo se quedaba en negro con una raya. Llegué aterrada al cubículo de Lalo, y después de que éste, intentara no sé qué cosas como una hora, me dijo que iba a llamar a alguien que me ayudaría sin lugar a dudas. Llegó caminando y sonriendo un muchacho como de 23 años y apenas escribió algo en mi computadora me dijo: “mmm no,no, esto está muy mal, tendremos que usar tu garantía” y siguió haciendo bromas de ese tipo mientras que yo sólo hacía caritas de angustia y pavor porque al no saber nada, le creía absolutamente todo lo que decía. No exagero diciendo que casi me muero cuando dijo lo de la garantía (jajaja bueno, sí, sí exagero), pero finalmente la arregló y comencé con él -Juan Carlos- una amistad infundada y que ahora no tengo palabras para describir –quizás las tenga, pero sólo para él-.
¿Siguiente experiencia computacional? Regresé a Puebla a una escuela donde me “enseñaron” Word y Excel: fue deprimente, por lo tanto, mi amistad con los profesores de computación, si bien fue una buena relación, nada trascendente.
El la universidad (BUAP) tomé en la primavera pasada el curso único de computación, fui obligada a hacer página web con Word, es todo lo que comentaré ajajajajja.
Hoy que todo se cubrió de blanco por primera vez te extrañé más que nunca.
Esta tarde que sentí la nieve caer en mi rostro,
únicamente pensé en ti.
Esta noche, que lo blanco se extiende a través de mi ventana,
me doy cuenta que te quiero.
En unos minutos, cuando las sábanas cubran mi cuerpo,
voy a cerrar los ojos y besarte hasta el amanecer.
Escribo el sábado primero de diciembre, con dos grados bajo cero y con todos mis sentidos concentrados en ti,
en una ilusión.
¿Quieres todo lo anterior?
Es tuyo: te doy la oportunidad;
de aquí en adelante todo depende de ti.